jueves, 27 de mayo de 2010

¿Del amor virtual al amor real?


Siglo XXI que corre. Nuevas formas de relacionarnos. Antes el mundo era ancho y ajeno, hoy pareciera mucho más compacto y pequeño.

Tiempo atrás, el amor se encontraba oculto en una esquina, en el banco de al lado en el colegio, en un aula de facultad, en el almacén de la esquina, o tu vecina de siempre, la prima de un amigo, la compañera de trabajo, la chica del micro. No llegábamos a imaginar una relación con alguien que viviera siquiera en otra ciudad, ni que decir otro país, menos aún, otro continente.

Pero las cosas han cambiado, y de pronto nos resulta más cercano un alemán, que vive a kilómetros y kilómetros de distancia, que nuestro vecino de edificio. La creciente ausencia de relaciones cara a cara, muchas veces fomentada por la falta de tiempo o por “comodidad”, nos hacen recluirnos cada vez más en la tranquilidad de nuestras casas para conocer personas. Total, Internet nos acerca y ha permitido el milagro de “borrar”, en teoría, las abismales diferencias.

Viendo en la tele el caso del cirujano asesinado, supuestamente por encargo, por la nueva pareja de su ex mujer, un empresario mexicano, a quien la señora conoció por Internet, se hicieron presentes las dudas por las cyber parejas. ¿Qué tanto podemos llegar a conocer a las personas por la web?

A esta altura son muy pocos los que no han tenido aunque sea un pseudo flirteo, online. Pero qué hay de cierto en esas “relaciones virtuales”.Dejando de lado los “horrores” que serían encontrarse frente a Jack el destripador del otro lado, o a la inefable, viuda negra, todos nos hemos topado con otros seres, que parecían más dulces y comprensivos a la distancia.

Es así, como un buen día, gracias a la nueva cercanía de Lima con Madrid, apareció mi amiga Karina, enamoradísima de un español. El muchacho en cuestión se convirtió, tras un año de chateo intenso en el “hombre de su vida”. ¡Guau! Pensé cuando me lo contó.

Resulta que se veían por la web cam a diario, en horarios insólitos, porque cuando ella llegaba del trabajo él debería haber estado ya casi en el quinto sueño, pero por la “fortaleza de su amor”, se quedaba despierto a la espera de la aparición en el msn de su amada limeña.

A tal punto habían llegado que me reveló, en un acto de profunda confianza, que en el año que duró su relación, ninguno de los dos había sacado los pies del plato, por lo que fue una larga abstinencia para ambos.

Yo me imaginaba un final feliz, porque un año soñándose el uno con el otro, hablando por teléfono, viéndose las caras por una pantallita, llenos de necesidades y de ansias por tocar al otro, me pareció más que sublime: ¡perfecto!.

Mi desilusión vino, cuando más tarde me contó que el esperado encuentro no resultó como pensaban. El no era tan delgado como en su mente, su voz no se oía tan seductora como a través del teléfono, sus besos ni siquiera calentaban sus labios, y su aparente comprensión, se esfumó a los dos segundos de descender del avión.

Obviamente, el desafortunado madrileño no tuvo la oportunidad de hacer su descargo, así que no sé qué defectitos encontró en mi querida Karina. Supongo que ella tampoco habrá sido todo lo “dulce” ni “comprensiva” que él esperaba.

Lo triste del caso es que, ambos se enamoraron de una “imagen” que no se correspondía en nada en cómo era realmente el otro. Ni en lo físico ni en lo espiritual. Apesadumbrada, me admitió que “la química no trasciende el monitor”.

Por si fuera poco, en mi círculo como calculo en el de todos, cada día este tipo de relaciones son más habituales. Otro querido amigo, se topó en un lugar de encuentros virtuales, a una hermosa morocha rosarina. La señorita en cuestión parecía una verdadera Barbie: delgada, alta, sensual, pícara, inteligente, culta y desinhibida; es decir, todo lo que mi calenturiento amigo estaba buscando en una mujer.

Aplaudí que en este caso todo eso lo encontrara, ella era tal cual se había descrito, y la web cam reflejó perfectamente la blancura de sus bien formados dientes y la voluptuosidad de su cuerpo. Mi amigo agradecido, parecía que había metido un gol de media cancha. Yo, un poco más descreída a esta altura de ese tipo de relaciones, guardaba la esperanza, de que en esta oportunidad la historia terminara con un final feliz.

Craso error, a los seis meses mi amigo apareció nervioso en mi puerta, contándome los desaciertos de su “historia de amor”. La dama era muy linda, no había duda de ello, pero ostentaba un carácter endemoniado y lo celaba hasta porque volaba una mosca. La relación, que al principio pintaba como una tórrida novela de amor de Corín Tellado, con despedidas a moco tendido en la terminal cada vez que el otro volvía a su casa, se había vuelto una insufrible persecución cada vez más asfixiante.

Ella no era mala, pero padecía de celos enfermizos, era extremadamente insegura, posesiva, dominante y manipuladora. De pronto, todo lo bueno que antes jugaba a su favor se había transformado en una condena. Para colmo de males, ella no se daba cuenta de que a medida que aumentaban sus reclamos, retrocedían, proporcionalmente, las antes buenas intenciones de mi amigo.

Así fue que esa nueva historia de amor también terminó con otra triste frase célebre: “Que pena que la web cam no refleje el interior de las personas”.

Con esas dos historias en contra, cuando apareció la tercera, ya no me quedaban esperanzas de que el “amor virtual” sea algún día “amor real”. Otra querida amiga conoció a un chico por la sala de chat de yahoo. Como ella estaba estudiando inglés en Estados Unidos, decidió practicarlo con alguien “nativo”, y ¡qué mejor que un caballero! pensó. Así intercambiaron mails y la charla empezó. No hablaban muy seguido porque “el levante” no era la idea, al menos no en ese momento. Mi amiga estaba saliendo con otro muchacho y el “amigo virtual” era sólo eso: “amigo”.

Meses después, ruptura mediante con el amigovio anterior, entre confesiones mutuas, algo inexactas porque mi amiga no alcanzaba a entender del todo las frases del chico, quedaron en conocerse. Primer inconveniente, no vivían en la misma ciudad. Además, por el trabajo de él, ella debería ser quien asumiera el riesgo de trasladarse hasta el lugar del otro.

Mi amiga siempre tuvo coraje, pero también cauta, le pidió a su compañera de departamento que la acompañara a la cita. Ambas llegaron a la gran manzana, con la ilusión de conocer al cariñosamente llamado “profesor de inglés”.

Muerta de risa, mi amiga me confesó que él no era lo que esperaba. Admitió que le gustaron sus grandes ojos azules, pero detestó su largo pelo rubio desaliñado. La impactó su altura, pero no podía dejar de mirar sus zapatillas como un mal signo de informalidad para todo. Por si fuera poco, la asustó el hecho de que tuviera una mochila. Ya pensaba ella, que la aguardaba una sierra eléctrica para descuartizarla, apenas quedaran a solas.

Después de ese primer encuentro en el que no hubo ni siquiera un beso, sólo un cordial saludo, se despidieron. La charla por el chat continuó un tiempo más, ya sin ningún tipo de careteadas porque ella sabía que él no era lo que buscaba.

Hechos amigos, él la invitó a un concierto. Ella me contó que acudió sin ningún tipo de expectativas, excepto la de disfrutar de la música. Luego de la euforia y más tranquilos en un oscuro barcito, él la besó. “No te imaginás lo que sentí”, me confío.

Tras ese beso, al que calificaron producto del alcohol y la soledad, cada uno volvió a su rutina. Dos meses después, cuando admitieron que querían saber si había algo más entre ellos, se arriesgaron a iniciar una relación. Fue así que se pasaron un año viajando de una ciudad a la otra, de fines de semana sin dormir, de vidas separadas.

“Fue amor a segunda o tercera vista”, bromea hoy mi feliz amiga. El “internauta” hace cinco años que se despierta todos los días a su lado y es su esposo. Él ha aprendido a comer al estilo de ella, y habla en castellano para sorprender a sus amigos.

Esta última historia me reconfortó y me vino a la mente la idea de escribir sobre ello porque una gran amiga se embarcará pronto en su propia “novela virtual”: irá hasta el viejo continente a conocer a un caballero que hace meses le quita el sueño.

Me imagino que su valija estará más llena de ilusiones que de ropa, que los nervios serán los protagonistas de estos días previos. Que estará ansiosa por ser tal cual él la imaginó. Yo desde acá le deseo lo mejor.

Le pido que se deje sorprender y que si las cosas no salen como espera, no se sienta defraudada. Que la admiro por su valor de arriesgarse. Que más allá de en qué lista vaya a clasificar su historia, la está viviendo.

Que disfrute y que si no le gusta el caballero en cuestión sea capaz de decir que “no”, porque no está obligada a nada. Que entienda que pese al tiempo que llevan de conocerse, él aún es un extraño, y que será como empezar de cero una vez que ella salga del aeropuerto.

¡Suerte amix! Si me lo permites, a la vuelta contaré tu historia.


1 comentario:

  1. ..sin palabras...
    Cuéntame de tu amiga...quiero mas
    Quien no cruzo océanos por amor
    sabes ? tu texto me retrotrajo a recuerdos lejanos y tan cercanos aun hoy...

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