lunes, 24 de mayo de 2010

A modo de presentación





















Dicen que el nombre le imprime ciertas características a la persona que lo lleva, será por eso que muchas parejas cuando van a tener un hijo tardan tanto en elegirlo. Pues bien, según mi padre el mío debiera ser Carmen, como mi abuela y mi madre, pero por esas cosas de la vida, no faltó la brillante idea de un tío, que acudió en ayuda de la búsqueda de cómo llamar a la primera heredera de ambas familias y quedó sobre mí un solemne nombre francés: Jacqueline.
Entre estos dos nombres quedó marcada a fuego mi personalidad. Esa mezcla entre la sensual gitana de la ópera de Bizet y la refinada esposa de uno de los presidentes más recordados de Estados Unidos, John F. Kennedy, signarían mis días en muchos aspectos sin saberlo.
De alguna u otra forma, por los caprichos de mi madre elegí también mi profesión: estudié Comunicación Social y Periodismo, cumpliendo la profecía de llamarme Jacqueline. De la apasionada gitana, no puedo negar que llevo el “si no me quieres, te quiero; si te quiero, ten cuidado de ti mismo”, aunque más de una vez he tratado de dejarlo de lado. La locura, la vida errante, la exigencia al límite y la férrea defensa de mi libertad y mis ideales, son otros de los condimentos heredados.
Algunos sostienen que las coincidencias no existen, que las inventamos buscando una explicación, si es así, bienvenido sea igual. Me agrada encontrar tantas coincidencias entre Carmen, Jacqueline y yo, y definirme como una simbiosis de ambas.
Sólo para prevenirme de futuras acusaciones de brotes de esquizofrenia sobre lo que escribo, prefiero advertirles que pueden encontrar en este blog, algunas veces a la vehemente periodista, amante de los policiales y defensora de pobres y ausentes, y en otras, a la apasionada Carmen, que escribe sus más íntimas confesiones sin ningún tipo de miramientos. Pero Jacqueline o Carmen, o como prefieran llamarme, lo único cierto es que los invito a acompañarme en este virtual viaje que significa escribir.
No seré Julio César, ni tendré el Rubicón por delante, quizás por eso, la suerte aún no esté echada.

2 comentarios:

  1. "no sabemos ni nuestros nombres,
    no ignoramos nuestros excesos,
    pero tu sola presencia me enferma,
    y me vacía.,
    con un grito de esperanza,
    te digo adiós".
    Nuestros nombres: Heroes del Silencio

    Los nombres a veces dicen, pero somos lo que hacemos, desechamos, evitamos, de ahí los errores y excesos. Tal vez cifrar todas las esperanzas en cuentos de hadas sea un exceso, que conduzca a la derrota. Pero qué lindo es ja ja.
    Un beso
    Congratulation

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  2. Muchas gracias Edu, y sí, qué lindos son los cuentos de hadas, pero creerlos al pie de la letra traen muchos dolores de cabeza. Un beso.
    Pd. Y como siempre, gracias por ser el primero.

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