viernes, 20 de agosto de 2010

De la fatalidad de un "viernes 13" a la fatalidad de "tener pareja"


El fin de semana pasado fue realmente diferente. Tras empezar mal el bendito viernes trece, sobre el cual no guardaba ningún reparo, excepto, hasta ése, en el cual empecé un día funesto.

Más cosas malas no me pudieron haber pasado, bueno, supongo que sí, pudo haber peores, pero eso no quita que fuera un día para el olvido. Para empezar, me dejaron sin luz porque el anterior inquilino había dado de baja la titularidad, o sea que me quedé en tinieblas en pleno día. Con el contrato de alquiler en mano y mi mejor voluntad de subsanar el error, (mío, claro) me dirigí a la oficina de Edelap para pedir el servicio a mi nombre, pero cuando terminé de hacer el trámite, me informaron que recién me reconectarían la prestación dentro de los cinco días hábiles, a partir del pedido. Lo que indicaba que me pasaría el fin de semana largo sumida en la más completa oscuridad.

Volví a mi nuevo hogar un tanto malhumorada por la novedad, pero encontré al encargado de mi edificio predispuesto a ayudarme, y a conectarme provisoriamente con la luz del pasillo. Agradecida por su buena voluntad, respiré un tanto aliviada; la idea de pasarla con una velita no era muy de mi agrado, claro está.

Una vez “iluminada” mi casa, me dispuse a mirar tele, ahí fue cuando descubrí que ya no tenía señal de cable tampoco. Indignada por no haberlo previsto antes, despotriqué contra el anterior "amo y señor" de mi nuevo aposento. Tras respirar profundo e intentado obedecer al dicho de “a mal tiempo buena cara”, traté de verle el lado “positivo” al asunto y a agradecer que al menos el gas, siguiera estando presente en mi vivienda. “Si cortan eso, cartón lleno”, pensé.  Al ver la hora me tranquilicé, calculé que ya no aparecería ningún siniestro empleado con sus tenazas, dispuesto a bloquear el fluido elemental en invierno.

Esperé a que la noche llegara y acabara de una buena vez con el afamado viernes trece, pero como la psicosis había empezado a hacer estragos en mí, descubrí que me faltaban un par de cosas y me puse histérica pensando que en mi distracción, había descuidado la mudanza y me habían robado. Respiré hondo y me llamé a la calma. ¡¿Qué más podía pasarme el viernes trece?¡. Ya no quería recordarlo más. Me acosté y dejé que mis pensamientos fluyeran por caminos más agradables hasta que me dormí.

El sábado ya fue otra cosa, me dediqué a instalarme plácidamente en mi nueva casa y pese al cablerío circundante (para paliar la falta de energía), decidí no pensar más en el asunto. A la tarde, fui al cumpleaños de mi otrora compañera de vivienda, a quien encontré apesadumbrada ante la posibilidad de irse a vivir con su novio.

Me sorprendió su actitud, suponía que irse a vivir con la persona que uno ama debía ser un gran momento; pero para ella, parecía una verdadera condena.

A lo mejor yo soy demasiado idealista y creo que si uno está bien con su pareja, ese momento, por más miedos que implique, se vive con ilusión. Claro que luego empecé a observar ciertos detalles: cumplir 38 años, de los cuales pasaste tu vida siempre sola, decidiendo a diestra y siniestra sin rendirle cuentas a nadie, a de pronto tener que dejar tu espacio, para sumarte al de otro, que por más amor que haya, tiene su mundo; debe ser un poco intimidante.

Lo cierto es que mi amiga, cada día pone más excusas para no irse a vivir con su amado, pero también, sabe, que tras diez años de relación si no se va a vivir con él, la historia que vinieron escribiendo hace dos lustros, se acaba. Me dejó un tanto desconcertada que tuviera tantas dudas. Su rostro parecía la cara de quien va camino al patíbulo, estaba delgada y demacrada; ya ni siquiera el exceso de maquillaje, que siempre lleva puesto, disimulaba sus ojeras y su miedo. No sé porqué me la imaginé con unas esposas en las manos y atada a la pata de la cama, presa en una pequeña jaula. Supongo que fueron la sumatoria de sus expresiones.

Después de hablar con ella y de escuchar todas las quejas que me dio de su antes “príncipe azul”, me hizo sentir “agradecida” de no estar en su lugar, de haberme mudado sola, de no tener pareja, de no tener que cambiar mi vida en pos de nadie, de no tener que teñirme el pelo a gusto de un hombre, de dormir del lado de la cama que me plazca, de que la música de mi compu me represente sólo a mí, de poder ir de bares y de coquetear con descaro con quien quiera y cuando quiera. En síntesis, en dos segundos me volví el ícono del egoísmo en persona.

Ahora, mientras escribo me preguntó: ¿Será tan así? ¿Generará tantos miedos embarcarse en la aventura de formar una familia? Confieso que cuando estuve en su lugar no lo dudé; pero, claro tenía 27 años y mucho menos experiencia. Me sentía feliz de por fin poder pasar más tiempo con él, de despertar cada mañana a su lado. De saber que, pese a que no me gusta el fútbol, tras sus rabietas con el equipo de sus amores, su corazón era sólo mío.

Si estuviera otra vez parada en el mismo punto no sé cómo lo vería ahora. Creo que sigo siendo la misma ilusa de siempre, pero con un poco más de “reparos”. Y supongo que cuando llegue el momento, cuando encuentre a alguien que otra vez me haga soñar con tan sólo mirarme, estaré dispuesta a darle la mano y a bajar la persiana de mi  hogar de soltera. Por lo pronto, brindo por seguir disfrutando de mi soledad.

2 comentarios:

  1. Piensa que dentro de un tiempo contarás tu caótico viernes trece entre risas.
    Y la verdad que en cuestión de parejas existe todo un mundo pero comparto contigo la opinión de que dar el paso de irse a vivir juntos tiene que ser ilusionante y no un suplicio.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Eso te pasa por no exorcisar a tu nueva casa!...para tal fin, te lo digo por si no lo sabes, se estila realizar una "tertulia" donde proliferen las cervezas, el vino tinto y las pizzas...obvio que no debe faltar cubis de queso y mani...si estas con ganas podes hacerte un ceviche que por lo que vi los choclos estan baratos...se podra usar pejerreyes?...en fin, con respecto a lo otro (concubinato), lo de respirar caricias, de estar jugando con las sombras de un tercero, la de buscar besos dormidos en orillas de tus labios, de esos besos que en la comunión de tus recuerdos amanecen con un dueño...de eso no opino.

    ResponderEliminar