Es un clásico domingo a la noche, de esos que a mis once años odiaba porque sabía que el lunes había de nuevo escuela; los mismos domingos que a los 16 amaba, exactamente por la misma razón (otra vez colegio y ver al chico que me tenía loca). Ahora los domingos tienen otro sabor. La inminencia del trabajo hasta me agrada, y digo "otra vez lunes", complacida.
Pero no era ni de los lunes ni de los domingos que quería hablar, sólo que vinieron a mi mente cuando pensaba en ese pasado ya enterrado muchos años atrás y que se hizo presente trayéndome alegrías.
De pronto un mail inesperado, luego una llamada, y mil recuerdos inundando mi cabeza. El pasado surgió de la nada con pequeñas señales: el domingo pasado exactamente, vi a ciertas personas que me recordaron esa etapa de mi vida, pero le resté importancia. Luego llegó el mail. ¡Qué casualidad! pensé en ese momento. Luego el llamado para hablar sobre esa época.
Tras la emoción inicial, me quedé reflexionando como el pasado, el presente y el futuro se unen de forma tan clara algunas veces.
Eso trajo a mi mente otras enseñanzas que me repetía mi madre hasta el hartazgo: "Siembra para que algún día puedas cosechar" y advertía luego: "pero asegúrate de que sean cosas buenas y de dejar un buen recuerdo para que puedas volver". Si bien nunca analicé sus dichos a conciencia, creo que los apliqué la mayoría de veces.
Ahora, ese pasado plagado de historias increíbles vuelve; de pronto, otra vez siento que soy la cenicienta favorecida por la varita mágica de su hada madrina o podría decir "¿padrino?".
Sigo pensando en la conjunción de sucesos y se me cruza una cita: "En el futuro se refleja el pasado hecho presente", y nunca tan cierto, afirmo.
Intento dejar de volar a mis 23 años, pero es imposible, no puedo borrar el sabor del té de frutas. La curiosidad que sentía en aquel entonces se apodera de nuevo de mí; y otra vez quiero preguntarte cómo fue tu vida, y qué fue de ti en todo este tiempo.
Mientras hablábamos por teléfono, te confesé que me moría por saber "ciertas" cosas. Entre risas y alegrías me dijiste que me contarías todo con lujo de detalles.
Luego, quisiste saber si yo seguía igual. ¿Igual, cómo? te pregunté. "Igual" repetiste sin aclarar nada.
"Sí, igual", contesté sin saber exactamente a qué te referías. "Igual que siempre", remarqué.
!Qué bueno! susurraste a la distancia.
Entonces nos vemos pronto, acordamos. Más pronto de lo que alguna vez pensamos. Corté contigo, e hice memoria: nos vi otra vez con 22 años, mirando las estrellas, contemplándonos extrañados, maravillados, inmersos en un mundo en el que todo era posible, aprendiendo a ver la vida de otra manera, menos prejuiciosos, más libres.
Ahora dudo si sigo igual. Qué era tu "igual". Y si tu amiga ya no es "igual" ¿te decepcionarás?. ¿Estoy igual para mejor o peor?.
"Igual", repito en voz alta. La misma que conociste aquella tarde de otoño, a la que no le hablaste y te dedicaste a observar como quien mira un cachorrito.
"Igual", exactamente la misma que cantaba en tu auto como una loca: "me gustan los aviones, me gustas tu. Me gusta viajar, me gustas tu. Me gusta la mañana, me gustas tu. Me gusta el viento, me gustas tu. Me gusta soñar, me gustas tu. Me gusta la mar, me gustas tu." y coreaba, frenética: "Que voy a hacer, je ne sais pas. Que voy a hacer, je ne sais plus.Que voy a hacer, je suis perdu.Que horas son, mi corazón."
Ahora sólo espero que me encuentres "igual", y encontrarte yo también "igual", con la misma pureza de siempre, con tu inocencia, con tus locas ideas para alegrarme la vida, con esa forma de hablar tan particular.
"Igual", espero de todo corazón que nuestro cariño siga "Igual".



