domingo, 13 de junio de 2010

Do you remember?


La otra noche en medio de esas charlas confesionales que últimamente vengo teniendo con un querido amigo a la distancia, terminamos hablando de las clásicas “segundas o terceras partes” o “cuartas y quintas” (no hay nada escrito sobre cuántos intentos está permitido hacer) de las relaciones de pareja.

Me causó gracia que me preguntara cuándo tuve mi último “remember” con un ex. La verdad, no se me había cruzado la idea de ver como un “recuerdo” esos encuentros fugaces en los que muchas veces recaemos con nuestras ex parejas, a pesar de que sabemos, la relación no irá a ninguna parte, excepto, quizás, a la cama.

Esa noche le respondí que mi “remember” más próximo había sido hace un par de meses atrás, cuando con mi ex intentamos retomar una relación que ya tenía dos años de alejamiento- acercamiento, con lagunas en el medio ( y personas nuevas para ambos también) y que luego de una extensa charla que tomó varios días, concluimos en que, por más intentos que hiciéramos parecía que para que las cosas funcionaran entre ambos, tendría que producirse una alineación de planetas, que raramente ocurriría, y que así, no tenía sentido seguir prologando la “larga agonía de nuestro otrora amor”.

A su turno, mi amigo me contó que él también había tenido sus clásicos reencuentros con alguna ex, pero que en su caso, como en la mayoría del sector al que representaba (llámese “hombres”) sabía desde el vamos, que lo único que buscaba en esos “memorables intentos” era pasarla bien; y ver si obviamente, aún seguía gustándole a la chica en cuestión. En resumidas cuentas, un tema de “ego” y “morbo” por volver a estar con una persona que sin dudas, en algún momento fue importante, pero lamentablemente, sólo pertenecía al “pasado”.

Claro que mi amigo se lamentó y me dio las disculpas del caso, apenas sintió mi risita al otro lado del teléfono, cuestionando su actitud. Se justificó diciendo que “no era por ser malos, pero que ellos lo veían de otra forma y que si una relación funcionaba, eso pasaba desde el principio; pero, que si se le daba tantas vueltas era claro que algo nunca anduvo bien del todo”.

No fui capaz de criticar su observación, porque pensándolo dos segundos, coincidí con él. “Si una relación funciona debe hacerlo casi sin darte cuenta, no debe demandar un terrible esfuerzo, al menos, no al principio, cuando se supone todo es magia e ilusión. Si desde el inicio las cosas se ponen densas, entonces ¿qué queda para cuando la típica rutina empieza a hacer estragos?”.

Luego de cortar la conversación telefónica con mi amigo, me quedé pensando en cuántos “remembers” había tenido en mi vida. Recordé el primero de ellos, que fue con un rubio muy lindo, con quien tras tres años de no vernos, intentamos “probar” de nuevo.

Salimos un par de veces, pero la magia que había sentido por él la primera vez estaba muy lejos de aparecer. Continuaba creyendo que era el chico más perfecto, físicamente, que besé en mi vida; pero esta vez, también el más lejano a mí.

El segundo “remember” fue con mi ex más reciente, a quien quiero muchísimo, pero con quien también coincidimos en que se nos hace muy difícil volver a encontramos. Pareciera que estamos continuamente jugando a las escondidas y así, imposible que algo funcione.

Por fortuna (o por desgracia, en caso de que algún día se compruebe su eficacia) yo tampoco creo en las buenos resultados de los “remembers”. Claro que tienen un toque especial, a quién no le gusta la posibilidad de volver a besar unos labios que en algún momento fueron su perdición, y poder acariciar un cuerpo que ya no es suyo. Pero ese momento de "volvamos las cosas a un pasado idílico", es sólo eso, una cámara del tiempo para poder disfrutar de algo que no poseemos y que no poseeremos nunca más. Para qué engañarnos entonces, corriendo tras un recuerdo, que quizás ya ni se corresponda con la realidad. La persona que amamos en ese momento quedó presa de él, la que tenemos ahora, es otra, quizás muy distinta a ella.

Así que siguiendo el consejo de mi amigo, prefiero pensarlo dos veces antes de que por una cuestión de ego o melancolía recaiga en hacerle la consabida pregunta a algún ex: Do you remember ?


6 comentarios:

  1. Recaer no es bueno, pero peor es no tener nada en lo que recaer.

    Muchas gracias por tu comentario.Me dejaré caer por tu blog, me ha gustado mucho.

    Un beso.

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  2. Sabias palabras. Muchas gracias por pasar por mi blog y bienvenida cuando quieras. Un beso!

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  3. Todos tienen a sus demonios adiestrados, pero de vez en cuando se le salta la chaveta a alguno y ahí es cuando los demás se revelan...corren como mastines desaforados en busca de "algo" que debería estar petrificado...parafraseando a Lubicz Milosz diré que las relaciones pasadas deberían reposar en los recuerdos como seres petrificados que tiritan de frío...la frase exacta de Lubicz es: "Hay en mí pecho seres abandonados que tiritan de frío".

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  4. "...a quién no le gusta la posibilidad de volver a besar unos labios que en algún momento fueron su perdición, y poder acariciar un cuerpo que ya no es suyo". Vivan las recaídas y los recuerdos y el deseo de volver a besar unos labios que siempre serámn una perdición.

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  5. Quien no ha pasado por esos puentes en alguna ocasión. Nada mejor que equivocarse, una y otra vez en algunos labios amigos, en algunos muslos que embriagan en algunos brazos que abrazan fuerte como si abrazasen el alma.

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  6. Antonio: Será que aún me falta domar mis demonios, o ellos me tienen domada a mí.

    Rodolfo Serrano: Muchas gracias por pasar, es un honor para mí y sí, ¡vivan las recaídas en esos labios que aún nos pierden!

    Carlos: Un placer tenerte por acá. Obviamente no somos los únicos que nos sentimos extasiados con seres de nuestro pasado que se empeñan en volver una y otra vez.

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