martes, 6 de julio de 2010

Mi amiga "L"


Mi amiga “L” ha sido quien más ha cambiado desde que tengo uso de razón. No sólo porque eligió el destino más impensado para su vida, sino porque siempre se encarga de sorprenderme.

Como si hubiese sido poco la noticia que tiró, como una bomba, el día que nos anunció se haría monja. Sí, monja; ante la incredulidad de su séquito de “diablillas”. Hace poco me enteré que no contenta con ello, ahora resultó cambiarse de orden religiosa, mudarse a Bariloche y ser una “monja de clausura”.

De ahora en más, la “hermanita L”, como había que llamarla cada vez que íbamos a visitarla al convento, ya no podrá recibir a nadie. No tendrá privacidad para charlar ni con sus familiares, quienes deberán contentarse con saludarla a través de una reja y compartir escasos minutos, controlados por reloj, con ella.

Recibir la “novedad” me dejó boquiabierta. Cómo mi amiga de tantos años decidió darle un nuevo giro a su vida, y esta vez mucho más radical. Si jamás llegué a entender del todo cómo fue que se hizo monja, menos logro aceptar ahora que, encima, se rehúse a mantener contacto con el exterior.

La recuerdo aún como la conocí: grácil, dulce, con unos ojos azules que conmovían a cualquiera, el pelo castaño, cayéndole en cascada de bucles sobre sus hombros, y su voz aniñada, desentonando con su bien formado cuerpo de mujer. ¿Cómo llegó L a hacerse monja? ¿Cómo jamás sospeché sus intenciones si compartí tantos momentos con ella? Mucho tiempo me sentí culpable de su decisión. Creí que no había percibido su tristeza oculta, que no la había apoyado lo suficiente en sus intentos por cambiar su vida, que estando a su lado había sido una completa egoísta, que jamás pensó realmente en el pesar de mi amiga.

Ya sé que hablo como si se hubiera suicidado, pero enclaustrarse de esa forma acaso, ¿no es una especie de suicidio social? Puede que mi mente sea muy acotada o que no alcance a dimensionar qué busca Lorena con todo esto.

Si me era complicado entender su “repentino” amor al Creador, porque obviamente, el tiempo que compartí con ella no demostraba mayor apego a la religión y mucho menos a sacrificarse por nadie. Ahora mucho menos.

¿Persigue algo mi querida amiga con su decisión? ¿Busca escaparse del mundo?, ¿Busca consuelo en la fe? Daría cualquier cosa por poder interrogarla ahora. Quizás su explicación no me dejaría satisfecha, como no lo hizo el día que me comunicó tomaría los hábitos.

Si L era la chica feliz, graciosa, la habitué de la disco de moda, la señorita con ropa de marca, la que pretendía los chicos más guapos, la más desenfadada a la hora de engullir alcohol. La que se enamoró de un amor prohibido, la que buscaba cualquier ocasión para hablar con el hombre de sus sueños, pese a no atreverse nunca a confesarle sus sentimientos. La soñadora, la que me repetía una y otra vez que “cuando uno ama los de afuera son de palo”, y así, ella concluía en que, yo jamás había entregado mi corazón realmente. Esa es la amiga que recuerdo, la que extraño.

Y ahora L, ya no sólo es la monjita que veía cada cierto tiempo. La que nos recibía amablemente en el colegio religioso que compartía con sus hermanas de fe. Ahora, eligió desaparecer del mundo, de todos los que, aún con el asombro, habíamos terminado por acostumbrarnos a verla escondida tras su hábito gris. Siempre bromista y dispuesta a señalarnos nuestras fallas. Ya sin preocuparse por estar delgada o por lucir el último grito de la moda.

Claro que el clásico grupo de chicas que éramos en la adolescencia cambió su rumbo. Pero ella fue quien hizo la elección más inaudita. Recuerdo que hasta la acusamos de padecer “locura temporal”; cuestionamos su fe a diestra y siniestra; le buscamos las justificaciones más descabelladas para entender una elección de ese tenor; pero ella, impávida, hizo caso omiso a nuestros intentos por convencerla de dar marcha atrás con su decisión.

¿Será que para entenderla tendría que profesar su fe? ¿Que necesitaría volver a creer en alguien superior que guía mi existencia? ¿Será que mis lecturas ex profesas han corrompido tanto mi espíritu que ya no alcanzo a creer en lo “divino” de su elección? ¿Estoy tan llena de racionalidad que no puedo ver un milagro, que no soy capaz de aceptar dogmas de fe?

Ya no tenemos los 17 de antaño y calculo que debo haber cometido todos los pecados que ella combate ahora. Seguro ya hasta hablamos idiomas distintos, pero con todas las distancias insalvables, lo único que quiero decirle a mi amiga L, es que sus “diablillas” seguimos extrañándola y aunque no entendamos su decisión, la respetamos.


6 comentarios:

  1. Dama, de lo que relata, no encuentro una alta fe religiosa, sino una extremista que cambió el objeto de su extremismo... Antes era vivir las situaciones "a full", ahora es vivir una religión "a full" y en ese contexto, pudo ser Dios (tradicional refugio de almas perdidas y conflictuadas) o el ejército, u otra organización que acoja personas "extremas"...

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  2. "Laissez faire"...No puedo opinar sobre el camino elegido por "L", uno lo vé, lo puede palpar, tocar y hasta transitarlo con la imaginación pero jamas se podrá estar en sus zapatos...solo ella conoce las "piedras" que lleva dentro de los mismos y laceran sus pies.
    Acompañarla, respetarla, honrarla, protegerla, estimarla y quererla, eso es lo que se debe hacer.

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  3. La explicación es simple y complicada a la vez. Tuvo alguna duda de su condición y como autocastigo redobló la apuesta sobre si misma, y a la fe ciega y restricciones le sumó su encierro, como si con la primera no bastara. Recordemos el silicio que utilizaban cerca de la entrepierna hasta no hace mucho los monjes, monaguillos o séquito de la abadía; cada vez que sentían el mínimo placer por la carne, castigaban su debilidad ciñéndolo un agujero más en la pierna, para que apretándolas se les clavaran las puntas de acero y el dolor fuera mayor y no olvidaran quiénes eran.
    Y respecto de sus ojos, escuchá el tema "Héroe de leyenda" de Héroes del Silencio: "En sus ojos apagados/hay un eterno castigo...El héroe de leyenda pertenece al sueño de un destino". Ella forja su destino con un silicio invisible, quiere ser héroe entregándose a Dios, tal vez porque en la anterior etapa tuvo dudas.
    La vida se explica por el péndulo de las contradicciones. Los contemplativos buscamos tormenta para entender la vida. Ella está en un claustro y renunció a todo, tal vez como autocastigo.

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  4. Víctor, Antonio y Eduardo, gracias a los tres por pasar y por darme sus opiniones al respecto. En realidad, difícil de saber qué pasa por la cabeza de mi querida amiga. Podemos hacer conjeturas, pero que la llevó a tomar una decisión de ese tipo, sólo ella sabe. Una vez más, gracias por sus aportes, trataré de no buscar tantas explicaciones y simplemente, aceptarla.

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  5. pará pará pará!!! Seguí buscando respuestas, o nos vas a sacar material de posteo!! ;o)

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  6. Gracias por tu comentario, muchas gracias de verdad.

    A veces aunque conozcamos mucho a otra persona no llegamos a entender por qué ha tomado ciertas decisiones. En tal caso, sólo nos queda aceptarla y apoyarla, cosa que no dudo que haces.

    Un beso.

    Loreto

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