Mi vida sufrió un cimbronazo en estos días. Supongo que para muchos una noticia de este tenor no significaría nada, más que dicha; pero para mí, enterarme de que mi compañero de aventuras infantiles, mi coequiper en las travesuras en casa de nuestros abuelos, mi primito favorito, va a ser papá puso a mil mi cabeza. No es que no me alegre, pero la noticia me cayó como un baldazo de agua fría.
En primer lugar, sabía que mi primo andaba flirteando por ahí con una damisela, pero al no haberme contado nada de su relación, supuse que sería como otras tantas veces, una relación intrascendente. Segundo, teníamos un pacto implícito de que como en nuestra familia abundan los solterones, quizás repetiríamos la dupla formada por la querida y feliz tía Naty y el ahora, descarado y atrevido tío Willy, más conocido como el “Doctorcito”.
El asunto es que si bien este verano charlamos sobre conformar una familia, ambos llegamos a la conclusión de que por ahora estaba muy lejos en nuestros planes. Tanto él como yo, estábamos centrados en avanzar en nuestras carreras y obtener mayor rédito económico, para prodigarnos sendos viajes por el extenso mundo. Recuerdo claramente la noche del verano pasado, en la que chocamos alegremente nuestros vasos de cerveza y brindamos en pos de una soltería a pleno.
Pero ahora, de buenas a primeras me entero que mi “hermano” de parrandas me abandona. Lo primero que pienso es que ya no tendré con quien hablar en esas noches plagadas de temas desopilantes en las que debatíamos sobre la inmortalidad del mosquito o recordábamos “amores” de nuestra adolescencia, para terminar dándonos consuelo mutuo de que para nuestra edad, aún estábamos muy bien. (Mentira de primos supongo)
De pronto hablo con él por el MSN y lo encuentro embriagado de amor y felicidad; mientras yo, un poco más y destilo bilis, pensando en con quién voy a hablar de vieja cuando quede solterona. Pero la vida es así, en menos que canta un gallo, el galán codiciado se sale del ruedo y decide formar una familia.
Quizás sea como me dijo un amigo: “el asuntito de tu primo es que te hace ver que se te está pasando el tiempo y que las cosas van cambiando. Se te fue tu referente de la soltería y la banalidad. De golpe el muchacho te espeta en la cara que está “enamorado” y no sólo eso, sino que será papá”.
Para mí fue como verlo crecer de golpe; del chico coquetón y seductor surgió el hombre maduro y responsable, amoroso y dedicado a una sola mujer y soñando con una familia. No es que esté mal. Al contrario me alegro por él; pero aún estoy desconcertada. La noticia revolucionó mi cabecita y no termino de caer.
Adiós mundo efímero de las locuras. De ahora en más mi primo será “un señor” y me retrotraigo a todas esas imágenes de padres de antaño, protectores con sus vástagos y de cara con gesto adusto. El no encaja con eso registros de mi memoria. Mi primo es divertido, cariñoso y algo loco; ¿cómo es posible que ahora vaya a existir alguien que lo llame “papá”? ¿Cuándo cambió todo? ¿Cómo pasó?
El está que no cabe en su cuerpo de la felicidad y yo parezco una insensible, rara y extraña por no poder entender qué se siente. En un acto de confianza supremo le reclamo a mi primo por abandonarme en el duro apostolado de la soltería eterna. Él, pícaro se ríe y me sugiere con todo su locuacidad: “Jacquie, tú misma eres. En el momento menos pensado te pasa y vas a ver qué ilusión se siente”.
Más tensa me puso el asunto y pienso en que el tema “descendencia” me cuesta. Ya no sé si me falla el instinto maternal, si estoy deshumanizada, si me falta el gen “femenino” o qué “error” existe en mí. Pero por ahora, la idea de cambiar pañales y cuidar a una personita hasta el fin de mis días, me resulta aterrador y ajeno.
La vida por momentos transcurre demasiado rápido creo, en seis meses le cambió la perspectiva a mi primo, mientras que en 31 años no le pasó nada absolutamente movilizante; y en un día me cambió el panorama a mí. "Soy la mujer mayor de la familia con perspectivas de soledad gratamente alentadoras".
Mientras sigo pensando en un nombre para el futuro heredero de la familia, le digo a mi primo que espero que su bebé sea mujer para que le dé unos buenos dolores de cabeza (jajaja no puedo con mi sed de revancha), además, empiezo a creer que mejor que me busque un perrito faldero para que me acompañe en mis noches de "solterona" próxima.
Pd. Se aceptan sugerencias de cómo paliar el hastío.
Agradece la Tía Jacquie ( En Perú se les denomina "tías" a las mujeres pasaditas en edad para ser consideradas "solteras")
